Entradas

¡No!, así no era.

Imagen
     Aquella madrugada del 14 de Diciembre de 1994, subí a mi auto y llevé a mi amigo Claudio Rodríguez, hasta el aeropuerto de Ezeiza, Buenos Aires.  Como en tantas cosas que él hacía y que yo no comprendía de manera inmediata, lo acompañé y lo despedí sin objeción alguna.  “Si por lo menos algo de lo que me rodea cambia para bien, entonces todo habrá valido la pena”, me dijo con un fuerte abrazo de despedida y abordó su vuelo con destino a Ciudad del Cabo, África. No emprendí el regreso a casa de inmediato, y un café en el bar del aeropuerto me acompañó hasta las primeras luces de la madrugada. Reflexioné  sobre el sustancial cambio en la vida de mi amigo, en sus ultimas palabras, en lo loable de su proceder.   Ya de regreso a casa, observaba como las primeras pinceladas del amanecer comenzaban a dibujar, vaporosos y coloridos trazos ocres, sobre una ciudad aún somnolienta. Ejecutivos,  obreros,  estudiantes e indigentes. Todos ba...

El Mendigo

Imagen
           Quiso el destino que aquella madrugada del 14 de febrero de 1982, estuviera lloviendo torrencialmente y que los malvivientes que me asaltaron decidieran golpearme muy fuerte en la cabeza. También, que al arrastrarme a ciegas, por el pavimento mojado, cayera unos quince metros por el barranco que se encuentra a solo dos cuadras de casa. Mientras que el destino y la ironía se me reían en la cara, me encontró casi muerto, la persona que hasta ese momento había sido tan invisible para mi, como para el resto de los transeúntes y vecinos que a diario pasaban a su lado.

En Busca del Cementerio.

Imagen
UN TEXTO HOMENAJE AL "CEMENTERIO DE LOS LIBROS OLVIDADOS" DE CARLOS RUIZ ZAFÓN     El viejo corazón de San Telmo está atravesado por la calle Defensa. La calle Defensa, a su vez, está tapizada de innumerables y pintorescos puestos de feria,  tan coloridos, como diversos entre si. La mezcla de aromas a barnices, inciensos y cuero viejo lo impregnan todo. Se mixturan con el dulce rocío de las mañanas y cada día convierten a esas ocho cuadras de feria, en un lugar mágico y perdido en el tiempo. Un increíble lugar que renace cada día con las primeras luces del amanecer y se disuelve en el tibio  resplandor  crepuscular  de cada atardecer.    Víctor Laurense es un librero tan viejo como la feria misma. Es el orgulloso dueño del famoso puesto de libros antiguos y exóticos de la feria, así como también, de uno de los tantos balcones que coronan la feria.   Sentado en su balcón, Víctor cerró con suavidad el libro que tenía entre sus...

El Ritmo Prohibido

Imagen
La bruma vespertina que cubría las  calles de la ciudad, se abrió en tímidos remolinos, cuando Mateo la atravesó a toda velocidad. Sin medias, con las zapatillas mojadas, los cordones desatados y el pijamas a medio abrochar, corría como si algo monstruoso lo persiguiera. Cuando por fin llegó ante las imponentes puertas de madera maciza, aún abrazaba con todas sus fuerzas, aquel viejo libro de duras tapas y hojas tan amarillentas como el tiempo mismo. Le ardían los pulmones, le temblaban las piernas y respiraba con dificultad; estaba exhausto. Sin tiempo para recuperar el aliento, comenzó a azotar frenéticamente la pesada puerta y no se detuvo hasta escuchar el inconfundible chasquido del cerrojo.

dulce soledad

Imagen
Era otra calurosa noche madrileña y Luis, se encontraba en el clásico café Central. Para combatir el insomnio y ese irracional gusto por leer de madrugada, solo contaba con un limoncello y una conversación despreocupada con el taciturno mozo. De pronto, se descubrió comparando ese lugar con el histórico Tortoni de Buenos Aires. Se dio cuenta de lo mucho que amaba esa sensación descomprometida con el entorno, siempre de andén en andén y siempre de aeropuerto en aeropuerto. A menudo las oscuras vidrieras del free shop del aeropuerto le devolvían la imagen de un hombre solitario, perdido en un mar de mesas y sillas desiertas y eso le gustaba mucho. Encontraba en la quietud de la noche algo cautivante que no lograba explicar. 

Capítulo 3 El talismán partido.

Imagen
Deic, ignoraba cuanto tiempo tardaría en  regresar su memoria, podría tardar algunas horas o quizás muchos días, en cualquier caso, no estaba dispuesto a  permanecer mas tiempo de brazos cruzados. Su ansiedad iba aumentando poco a poco,  la atmósfera que lo rodeaba tenía una sutil cualidad que no lograba identificar  y que a cada minuto, se hacía   más clara y tangible. Entonces, ahí, sentado con la mirada perdida en algún punto lejano, tan asustado como maravillado, fue plenamente consciente de que todas las cosas que estaban sucediendo, coincidían en su totalidad con la antigua leyenda. De repente,  comprendió de que se trataba ésa extraña sensación que no lograba explicar y que la notaba en todo momento y  lugar. Era  la  frescura del aire, la extraordinaria nitidez de la luna o el dulce aroma de la tierra húmeda, sensaciones que invadían sus sentidos  con una intensidad, como jamás había experimentado. Eran exquisitamente...

Capítulo 4 - Un grato rencuentro.

Un rencuentro inesperado. Además de las letras y números calados en el metal, un extraño símbolo, le llamó mucho la atención. Se trataba de una "B" atravesada por una flecha, como esas mismas flechas que usaban los Onas.  Deic, sujetaba el colgante con sus temblorosos y ensangrentados dedos.  La suave brisa nocturna se colaba entre los árboles provocando, pequeños y erráticos movimientos en aquel extraño objeto. El tiempo parecía haberse detenido. Las copas de los árboles cesaron su constante y suave danzar y hasta el tenue siseo de la respiración de Deic, se atenuó también. El único movimiento perceptible de aquella silenciosa y quieta atmósfera, eran los juguetones destellos de la luna sobre ése misterioso colgante. ¡NO PUEDE SER! Gritó Deic. ¡ES EL TALISMÁN, EL TALISMÁN PARTIDO! Ése repentino e imprudente grito, no solo destrozó la singular quietud de aquella atmósfera,sino que también, agotó las últimas fuerzas que a Deic le quedaban....